Rompiendo fronteras con el feminismo

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El feminismo occidental hegemónico tiende a victimizar a las mujeres de otras culturas y a creerlas sumisas y sin ningún tipo de poder. Además, se invisibiliza el análisis de circunstancias históricas, políticas y socioculturales concretas de su cultura y de su historia de vida, descontextualizando su mundo y creando estereotipos y prejuicios. El truco está en, como dice Britt-Marie Thuren: “evitar un relativismo paralizador (antropología sin motivación política) y evitar nuevas formas de etnocentrismo (feminismo occidental sin conciencia antropológica)”  (1)

La “diferencia del tercer mundo” incluye una actitud paternalista hacia las mujeres del tercer mundo, las mujeres del tercer mundo como grupo o categoría se definen automática y necesariamente como religiosas (léase: no progresistas), orientadas hacia la familia (léase “tradicionales”), menores de edad (léase: “aún no están concientes de sus derechos”), analfabetas (léase: “ignorantes”), domésticas (léase: “primitivas”) y, a veces, revolucionarias (léase: “¡su país está en guerra, tienen que luchar!”) Es así como se produce la “diferencia del tercer mundo”” escribe la teórica feminista poscolonial y transnacional Chandra Talpade Mohanty. (2)

Angela Sevin. This is what Feminism looks like. Mercy, at the World Social Forum, 2007 (Nairobi, Kenya) This is what Feminism looks like. Mercy, at the World Social Forum, 2007 (Nairobi, Kenya). Angela Sevin

El feminismo occidental “hegemónico” ya lleva tiempo recibiendo críticas y regañinas por parte de las mujeres de otros lugares del planeta, que las acusan de etnocéntricas. Los esquemas de los que parten para hablar de las mujeres de otras sociedades son sus propios esquemas culturales, y no ahondan o no desean ahondar más en sus contextos históricos, políticos, socioeconómicos y mucho menos personales. Es más, tratan de constreñir a todas las mujeres en un grupo homogéneo y ahistórico, categorizándolas en un colectivo no sólo diferente y misterioso a ojos de occidente, sino pasivo y sumiso y, sobre todo, víctima.

Para algunas feministas esto tampoco es nuevo en nuestras sociedades. Elizabeth Badinter, Judith Butler y otras feministas, por ejemplo, advierten de la deriva que está tomando un feminismo que victimiza a todas las mujeres y, por ende, culpabiliza a todos los hombres, en “un intento de instaurar la separación de sexos” (3) y, por ende, reinstaurando normas de género rígidas. Estas normas definen lo que es digno y decente para una mujer, y en nombre de la dignidad decente, se castiga la prostitución, la pornografía e incluso relaciones sexuales alternativas que escapen de la idea judeocristiana del sexo por amor.

“Yo dignifico cualquier trabajo que haga. Ningún trabajo me dignifica a mi” recuerda Margarita Carreras, trabajadora sexual (4). Como Margarita, muchas mujeres de este colectivo denuncian que se les trate de “pobres prostitutas”, personas débiles y dignas unicamente de compasión, pero sin la capacidad de luchar por sus propios derechos.

Lo mismo ocurre con las mujeres gitanas, a las que se les asigna marginación, y se les estereotipa como sumisamente inmersas en tradiciones machistas. Lógicamente, como mujeres con plena capacidad de decisión, dejan atrás aquellas costumbres negativas que coartan libertades y mantienen aquellas positivas.

“Hay muchos estereotipos que romper, mucha mitología y una tendencia de las payas europeas a considerar que son el modelo, las únicas liberadas. Nuestras dinámicas son diferentes, queremos emanciparnos a nuestra manera. ¿Por qué no puede existir la diversidad?” denuncia Rosa Jiménez, directora de la asociación Sim Romí (5).

SlutWalk NYC October 2011 Shankbone 4. David ShankboneSlutWalk NYC October 2011 Shankbone 4. David Shankbone

Otros colectivos se pueden añadir en este fenómeno victimizante dentro de nuestra sociedad: mujeres con diversidad funcional, queer (aquellas personas que no desean considerarse heteronormadas o dentro de ningún género binario)  mujeres de la Tercera Edad… Pero también se extrapola fuera de las fronteras, a las mujeres de otras culturas, víctimas no solo de su género, sino también del “Tercer Mundo” al que dicen que pertenecen.

Por eso, cuando hablamos de Sororidad, que hace referencia a la igualdad entre mujeres, se las consideran hermanas no por compartir el mismo deseo y la misma capacidad de lucha política contra las jerarquías de clase, raza, género e imperialismo, sino únicamente por ser del mismo género, considerándolas únicamente hermanas víctimas. Estas mujeres no comparten las características de la mujer occidental modelo, a la que se le considera mujer moderna, independientes y con completo control y libertad sobre su cuerpo y su sexualidad. En este mal uso del término sororidad (“sisterhood ”, acuñado por el feminismo de las mujeres negras) se invisibiliza el análisis de circunstancias históricas, políticas y socioculturales concretas.

Un ejemplo claro es la práctica del velo en los países musulmanes, símbolo por antonomasia de la opresión de la mujer bajo los ojos de Occidente. Esta idea es peligrosamente reduccionista. Las mujeres iraníes de clase media utilizaron el velo durante la revolución de 1979 contra el Shah y la colonización occidental, para mostrar su solidaridad con sus hermanas de la clase obrera que se velaban. Actualmente, en Irán es obligatorio usar el velo. En este ejemplo se ve claramente los diferentes contextos históricos: uno revolucionario y el otro de opresión. En los países occidentales, actualmente “es más fácil salir a la calle con menos ropa que con hiyab (6) Por eso, el llevar hiyab es un acto de valentía, no de sumisión. Y hay que aplaudir a las mujeres que hacen frente a este desafío diario”, explica Hajar Samadi, periodista miembro de la asociación de musulmanas Bidaya (7).

Otro ejemplo esclarecedor y si se quiere paradójico, fue el que ocurrió con las mujeres de RAWA (movimiento de liberación de mujeres de Afganistán). Cuando en la plaza de Kabul ejecutaron públicamente a una mujer, una valiente activista pudo grabarlo a través de su burka con el fin de divulgarlo a las diferentes agencias internacionales, las cuales se negaron a emitirlas, alegando ser demasiado duras para la sensibilidad de su público. Por supuesto, esto cambió a partir de aquel 11 de Septiembre, cuando los medios no tuvieron reparos en divulgarlas bajo la bandera de la liberación de la mujer (8). De nuevo, la victimización de las mujeres de Afganistán. O lo que Brigitte Vasallo llama Purplewashing: el Islam como el enemigo por esencia de los derechos humanos y como el opresor fundamental de las mujeres; lo que justifica invasiones y ocupaciones que, en realidad, no han traído ni más desarrollo, ni paz, ni más respeto a los Derechos Humanos, ni mucho menos ha mejorado la situación de las mujeres musulmanas.

Existen otros muchos estereotipos alrededor del velo, cuyo uso, excepto el antes mencionado Irán y en algunas zonas de Arabia Saudí, no es obligatorio. De hecho, la politóloga Nazanin Armanian afirma que el 95% de las musulmanas no llevan velo, y recuerda que este vestido no es religioso sino étnico (9). A lo largo de todos los 54 países y sociedades musulmanas, hay una pluralidad de vestimentas, tanto para las mujeres como para los hombres. Los bereber y beduinos llevan también su pañuelo. Son los hombres touaregs los que esconden su rostro bajo una túnica, y no las mujeres. Además, el burka, que es preislámico y de una única etnia afgana, también lo llevan las judías ortodoxas sikrikim.

En cuanto a la lapidación y la sharia, en realidad sharia  significa «vía» (10) y no hay nada en todo el Corán que se refiera a la lapidación. La lapidación es preislámica y su origen está en la tradición judía. En la Biblia, las referencias a las lapidaciones son numerosas. Pero los gobiernos de Arabía Saudí, Irán y otras teocracias, manipulan o fuerzan los textos sagrados para sus propios intereses, tratando de otorgarse una legitimidad religiosa que oculte su condición despótica y atentando contra la sociedad que debiera proteger. (11) Además, intentan aplicar las leyes literalmente tal y como se hacía en la antigüedad . Es por esto que obvian hechos “como el de que las lapidaciones era la manera de aplicar la justicia de pueblos nómadas que no encarcelaban a nadie por su constante movimiento y que usaban piedras ya que no tenían árboles en los que colgar a los infractores.” explica Armanian. Tampoco tenían sillas eléctricas o drogas mortíferas como las de EEUU. Por cierto, nadie define a Arabia Saudí como un país fundamentalista, y cada viernes decapitan a alguien. Quizás sea porque determina el precio del petróleo.

David Masters. Women in Black, West JerusalemWomen in Black, West Jerusalem. David Masters

La ablación del clítoris también es una costumbre preislámica, y también la realizan los cristianos coptos y los judíos falashas (12). En Europa se realizaba hasta el S.XIX. Se llamaba clitoridectomía y, se creía, curaba “enfermedades” como la histeria, la melancolía, la epilepsia o el exceso de masturbación y el lesbianismo. Hoy, la cirugía es la que hace este uso, y se llama vaginoplastía.

Aún rompiendo con todos estos estereotipos, todavía hay quien afirma que lo que ocurre en realidad es que las musulmanas niegan su esclavitud. Y no son las únicas mujeres juzgadas bajo los ojos de Occidente. Múltiples son también los estereotipos sobre las mujeres chinas, lo que Li Xiaojiang, académica china, llama el mito de la “doble opresión”:

“una causa de la opresión es impulsada por la familia tradicional china; y la otra fuente son las políticas del estado, dado que la política de China es antidemocrática y su economía es subdesarrollada. Consecuentemente se ha representado a las mujeres chinas como viviendo en un infierno en medio de indescifrable sufrimiento.” (13)

El caso es que el activismo feminista chino ha ido por un camino histórico muy diferente a Occidente. Mao pensaba que cuando se llegara a una sociedad sin clases, las divisiones de género desaparecerían. Dos fueron las leyes que cambiarían el curso de la vida de las mujeres chinas en los años 50: la ley del matrimonio (que acababa de un plumazo con la familia tradicional) y la ley del trabajo (que promovía la incorporación de las mujeres al mercado laboral). De esta manera, las chinas no solo sufrieron la sobrecarga del doble trabajo, en el mercado laboral y el doméstico, sino que tuvieron que suprimir sus características femeninas, y vestir y actuar como hombres durante la revolución cultural, bajo la bandera de la “igualdad”. Así, la política se entrometió en la vida de estas mujeres durante medio siglo, lo que no es de extrañar que hoy muy pocas mujeres chinas se llamen a sí mismas feministas o hablen del feminismo, y sí adopten términos como “estudios o investigación de las mujeres”, o “análisis de los problemas de las mujeres”. Son términos menos politizados, más centrados en lo académico. Lo que no significa que las mujeres chinas no luchen por sus derechos.

No sólo entender el contexto es imprescindible para crear estrategias de oposición correctas. Al mismo tiempo, al definir a las mujeres como objetos pasivos, se reniega el poder que ejercen en su sociedad para hacer valer sus actividades y relaciones. Por ejemplo, no es suficiente con describir el rol central de la mujer en una sociedad, como el rol de ser madre o el rol del trabajo en el hogar, sino el valor y el estatus que se atribuye a la maternidad y al trabajo doméstico en esa sociedad. Un buen ejemplo es el valor que se le da a la familia en la sociedad negra. Mientras nosotras luchamos contra la dependencia de la mujer en la familia y contra el permanente rol de ama de casa, la familia negra es una familia extensa, y es una fuente de resistencia a todo tipo de opresiones, tanto en los periodos coloniales como bajo Estados autoritarios. Por ello, hay una reivindicación de la figura de la familia y de la madre como una socialización colectiva de los hijos (de aquí, la palabra “sororidad”).

“Las feministas blancas” afirmaba bell hooks (14) “no entienden, ni siquiera pueden imaginar, que las mujeres negras, así como otros grupos de mujeres que viven cada día en condiciones opresivas, a menudo adquieren conciencia de la política patriarcal a partir de su experiencia vivida, a medida que desarrollan estrategias de resistencia” (15).

Garry Knight. Male FeministMale Feminist. Garry Knight

Nosotras queremos afirmar nuestro “ser mujeres” desde la comunidad.” explica Julieta Paredes, mujer feminista, en este caso, aymara. “Los distintos feminismo han ido nombrando al patriarcado como el sistema de las opresiones de los hombres sobre las mujeres. Nosotras decimos aún más: el patriarcado es el sistema de todas las opresiones, violencias, discriminaciones, que viven no solo las personas, sino toda la humanidad y la naturaleza. Todo ello construido sobre el cuerpo de las mujeres. No solo se trata de la relación entre los hombres y las mujeres, sino todo tipo de opresiones. El colonialismo es patriarcal.” (16)

Imagen de portada: روز عاشورا، درگیری نیروهای حکومتی با مردم. Greeniranphoto


Para saber más…

(1) THUREN, Britt-Marie. Del sexo al género: Un desarrollo teórico: 1970-1990.

(2) MOHANTY, Chandra T. Bajo los ojos de occidente.

(3) «El hombre no es un enemigo a batir». Entrevista con Elisabeth Badinter. DE SOUSA SANTOS, BOAVENTURA. Descolonizar el saber, reinventar el poder. Descargar aquí.

(4) Entrevista a Margarita Carreras: “La dignidad es que yo dignifico cualquier trabajo que haga, ningún trabajo me dignifica”.

(5) http://www.pikaramagazine.com/2013/10/una-revolucion-lenta-pero-irreversible/

(6) Luz Gómez García en su libro ‘Diccionario de Islam e Islamismo y Fatima Mernissi en su obra “El harén político” explican que el término hiyab procede de la raíz ḥaŷaba, que significa “esconder, “ocultar a la vista” o incluso “separar”, y da lugar también a palabras como “cortina”. En la época de los califas rachidíes, se impuso el uso de unos cortinajes para proteger la intimidad del profeta de terceras personas o del pueblo. Éste es el hiyab del que habla el Corán.

(7) Brigitte Vasallo eta Hajar Samadi. Kazetaria eta Bidaya emakume musulmanen elkarteko kidea. «Errazagoa da kalera biluzik ateratzea beloarekin baino»

(8) Afganistán: la invasión y la resistencia contada desde dentro.

(9) Nazanín Armanian: «El 95% de las musulmanas no lleva velo»

(10) Vía o camino correcto para hacer “hassanat” (bellas acciones) Por lo tanto, no es un código juridico, no legisla, sino que ofrece unos principios ético-morales para crear en cada época o lugar. “A cada uno de vosotros os hemos asignado una sharî‘a” dice un versículo. También evoca las “sharias” de Noé, Abraham, Moisés y Jesús “pues una y otra contienen guía y luz”. Más información, aquí.

(11) Esto ocurre con las teocracias tanto islámicas como judeocristianas. Recordemos que Bush alegó una obligación religiosa para realizar sus sanguinarios planes en Oriente Medio. Francisco Franco era caudillo por la “gracia de dios”. Y no olvidemos que el Vaticano también es una teocracia.

(12) Los coptos son los descendientes de los antiguos egipcios, que se convirtieron al cristianismo en el siglo I. El origen de los falashas o judíos negros de Etiopía es un misterio que todavía hoy fas­cina a muchos.

(13) SHI, Shu-mei.Hacia una Ética de los Encuentros Transnacionales, o ¿”Cuándo” una Mujer “China” es Considerada una “Feminista”?

(14) bell hooks es un seudónimo escrito en minúsculas, según sus palabras: “para establecer una separación entre ella misma y su ego, y su trabajo”

(15) JABARDO, Mercedes. Feminismos negros.

(16) Feminismo Comunitario, La Paz, Bolivia

¿CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO?: «Rompiendo fronteras con el feminismo». Mito | Revista Cultural, nº 20. 8 de abril de 2015. URL: http://revistamito.com/rompiendo-fronteras-con-el-feminismo/
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